Una vena blanca sobre la piel
repentínamente oscura
de la tarde
Las últimas gotas están cayendo sobre el parabrisas del taxi que me conduce a casa, y no sé si será el cansancio que me diluye sobre él, o que es demasiado mullido. Pero siento que hoy fue un día de otra vida o que estoy viviendo con una piel prestada.
Para poder volver a verte, cuando más lo necesitabas, estando a quince minutos, tardé más de dos horas largas. Siendo porteña me perdí en Buenos Aires, en el cinturón que separa el torso inquieto de una ciudad loca, de las caderas suburbanas. Buscamos la Panamericana por toda la General Paz y recién en la Richieri nos dimos cuenta, que si seguíamos, jamás la ibamos a encontrar. ¿No es poético perderse acaso?. Lo hice muchas veces en prosa o en verso, pero de verdad, no lo habría imaginado. No sabía si volver a casa, pero mi corazón que casi nunca se equivoca, ya estaba con vos, decidí seguirlo y por fin llegué.
En la puerta me estabas esperando, con la misma sonrisa de mamá. Si hasta retaste al taxista que sólo sabía pedir disculpas, (el pobre hacía unos meses que venía del interior y no supo decir que no conocía) y yo, que soy apalabrada para las estrellas pero salame para el asfalto..., en fin, lo importante es que estábamos juntas. Dos mates apurados, y salimos a ver al Doctor. Todo fue muy rápido, miró los estudios y programó la operación para el jueves. Sólo falta el resultado de la biopsia dijo, y preparó todo ese confuso papeleo de internación.
Después nos fuimos caminando hasta tu casa, bajo las dos lluvias, la que nos mojaba los pies y la cara, y la que sentíamos al mismo tiempo, mojándonos otra vez la vida. Puse mis manos en tu hombro, recordando a mamá en sus últimas palabras, cuidá a papá y a tu hermana. Papá ya no está, y en mi arco iris natal, me quedás vos. Caminamos entre llantos y risas, que nunca nos faltan cuando estamos juntas, porque encontramos la risa en un charco, y si no tenemos de qué reirnos, algún recuerdo siempre nos hace cosquillas, y la gente no entiende las lágrimas de payaso con sonrisas mezcladas que tenemos.
Hoy no fue tan importante para mí si los chicos se mojaron al salir del colegio, y no los fui a buscar con paraguas de mamá, hoy lo más importante fue caminar esas cuadras juntas, aunque me haya perdido, aunque sienta que la lluvia, otra vez, pasó debajo de mi piel.
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